Conocer el problema es el primer paso para pedir ayuda

Información sobre la ludopatía y sus consecuencias

La ludopatía no afecta únicamente a la persona que juega. También puede alterar la vida familiar, social, económica y emocional de quienes la rodean. En esta sección encontrarás información útil para comprender mejor el juego patológico, sus fases, sus señales de alerta, el impacto en los hijos y la familia, el coste personal que puede provocar y algunas reflexiones para tomar conciencia del problema.

El objetivo de estos contenidos es ayudar a identificar situaciones de riesgo, entender cómo se desarrolla una conducta adictiva y recordar que la recuperación es posible con apoyo, acompañamiento y tratamiento adecuado.

Internet, juego seguro: permitidme que me ría…

Y me reiría, si no fuese por los gravísimos problemas que este tipo de juegos está causando en nuestra sociedad. La posibilidad de apostar y jugar sin ninguna limitación de tiempo, con una accesibilidad total, fácil y a un solo clic desde el sillón de nuestra casa, está convirtiendo internet, la red de redes, la gran autopista de la información, en el hilo transmisor de una enfermedad tan grave como la ludopatía.

Y siendo esta enfermedad la única adicción sin sustancias físicas, es fácil entender que tampoco necesita ser “contagiada” por medios físicos, aire, saliva, sangre, etc. Muy por el contrario, la ludopatía ha encontrado en internet su mejor aliado para extenderse y propagarse.

Nunca veremos instalaciones tan avanzadas a nivel tecnológico como las que se instalan y construyen
en lugares con gran actividad de juego.

 

Uso de internet y juego online

Aunque pueda parecer obvio,

Internet no es el mundo real. Nada, absolutamente nada de lo que nosotros ordenamos hacer delante de nuestro ordenador, tablet o móvil, se realiza sin el consentimiento, autorización y permiso de
un número incontable de servidores y softwares por los cuales debe circular nuestra petición, siendo analizada y gestionada con todas las limitaciones que los programadores hayan deseado incluir en cada software.

Porque internet es eso: software, programas gestionando información tal y como han sido programados. Solo programas, susceptibles de todo tipo de manipulación y siempre con puertas traseras preparadas para poder tener control sobre los productos desarrollados.

Rasgos de personalidad adictiva

  • Mentalidad del arreglo rápido.
  • Posesión de fuertes sentimientos de vergüenza.
  • Enorme necesidad de control y poder externo.
  • Existencia impregnada de autoengaño y falta de honestidad.
  • Modo de pensar extremista.
  • Obsesión consigo mismo.
  • Carencia del sentido de sí mismo.
  • Sentimiento de un enorme vacío interior.
  • Carencia de propósito en temas vitales.
  • Búsqueda de aprobación social a través de la imagen.
  • Autocensura.
  • Fuerte sentimiento de culpabilidad.
  • Autocrítica implacable.
  • Dificultad para controlar la ira.
  • Adormecimiento emocional.
  • Depresión subyacente.
  • Temor a asumir riesgos.
  • Excesivo temor al rechazo.
  • Necesidades ocultas de otras personas.
  • Dificultad en la relación con personas investidas de autoridad.
  • Falta de autoestima, manifestada por comportamientos jactanciosos.
  • Actitudes soberbias, engreídas y autosuficientes.
  • Predisposición al victimismo.
  • Escasa capacidad para afrontar retos y dificultades.
  • No asunción de responsabilidades.
  • No saber establecer límites.
  • Fuerte necesidad de gratificación inmediata.
  • Tolerancia a la frustración cero.
  • Búsqueda constante de respaldo en su entorno adictivo, en personas no significativas para él.
  • Problemas con la intimidad.
  • Sentimientos de soledad y falta de pertenencia.
  • Dificultad para sentir placer real.
  • Falta de confianza en sí mismo.
  • No querer crecer nunca o “síndrome de Peter Pan”.
Persona en situación de desesperación emocional

Vulnerabilidad ante la adicción

Hay personas que se obsesionan con actividades de forma más rápida que otras. Les cuesta más controlar lo que hacen y cuándo lo hacen. Estos rasgos de personalidad las hacen más vulnerables a la adicción.

Todos podemos ser impulsivos de vez en cuando, pero en estas personas la impulsividad no siempre está bajo control. La falta de estabilidad o la constante búsqueda de cosas nuevas son rasgos característicos. Son extremistas y se guían por pensamientos de todo o nada, sin manejar bien la moderación ni los puntos intermedios.

Bajo compromiso con los valores y metas personales. La conducta adictiva implica que, cuando surge el impulso por hacer algo, la persona lo hace, dejando de lado lo que estuviera haciendo antes. Al no planificar ni moderar su conducta, sigue un camino errático que no se guía por planes a largo plazo ni por metas vitales.

Estas personas suelen poseer un rasgo denominado “búsqueda de sensaciones”. Se aburren fácilmente y constantemente buscan algo mejor y novedoso en lo que embarcarse. Son personas enfocadas en metas a corto plazo, con baja tolerancia a la frustración y que buscan soluciones fáciles y rápidas.

 

Imagen relacionada con conductas adictivas

Consecuencias emocionales y sociales

Tienen baja capacidad para demorar la gratificación. Suelen presentar de forma constante ansiedad y estrés. No es fácil vivir una vida adictiva e impulsiva. Ya sea por los problemas sociales y familiares que acarrea, por los remordimientos una vez se ha hecho algo indebido o por las consecuencias negativas que suelen seguir a estas conductas, estas personas frecuentemente se sienten ansiosas.

Se suma, además, la dificultad que suelen presentar para manejar y comunicar las emociones, junto con sentimientos de soledad y distanciamiento social.

Es frecuente que los rasgos adictivos o impulsivos acaben ensombreciendo cualquier otro rasgo y que la gente solo conozca su inestabilidad. Son personas que tienden a aislarse de los demás. En general, tienen pocas habilidades sociales y buscan refugio de su malestar social en la adicción.

También pueden aparecer cambios en el estado de ánimo y baja autoestima. El deseo impulsivo, antes de hacer algo, puede resultar excitante y vivirse como una emoción positiva, como una energía que invade e impulsa a actuar. Con frecuencia tienden a cambiar una actividad adictiva por otra.

Frecuentemente, el problema es que quien sufre este tipo de rasgos de personalidad se niega a verlo y, por lo tanto, a modificar su conducta. Lo que acaba ocurriendo es que esa conducta termina por convertirse en algo destructivo, tanto para la persona como para los demás.

Familia afectada por problemas de juego

Cuando los jugadores tienen hijos

Sufren de forma casi inevitable los excesos de los padres. Pronto se dan cuenta de que viven en un ambiente extraño. A veces, cuando el jugador gana, reciben regalos exagerados y otras pasan privaciones e incluso hambre cuando no hay dinero. Esta inconsistencia se ve reflejada en un descenso en su rendimiento escolar.

Igualmente, cara al futuro, su proceso de socialización es inadecuado, sobre todo al no adquirir las habilidades de manejo de dinero y de organización de sus presupuestos. En la vida adulta, muchos de los hijos de jugadores llegan a sufrir trastornos psicopatológicos diversos cuyos antecedentes están en esa “vida desordenada” de cuando eran niños. Viven discusiones y peleas, silencios tensos y largos en casa, a veces malos tratos y abandonos. La educación queda muy resentida, sus modelos son inadecuados y en muchos casos tienen graves problemas de conducta.

Rendimiento académico deficiente y se hacen más vulnerables al desarrollo de toxicomanías y juego. Fuerte necesidad de “escape de la realidad” de la tensión emocional causada por vivir en un hogar infeliz. Los padres son ejemplos para los hijos y son los modelos más importantes para su vida porque en ellos se ven reflejados y suelen heredar ciertos hábitos, costumbres e incluso comportamientos. Cuando los padres no dan ejemplo y son un mal modelo, los hijos corren el riesgo de aprender conductas nocivas. Eso sin tener en cuenta el daño emocional que les pueden hacer.

Uso del móvil y nuevas tecnologías

Punto y aparte, el móvil

El móvil se usa a todas horas y para miles de tareas y está cambiando tanto los hábitos sociales como a las personas.

Porque el móvil de hoy es multifuncional: sirve como alarma matinal, reloj, agenda, calculadora, navegador y para ver el tiempo; para escuchar música, la radio y leer prensa; para la mensajería WhatsApp y similares —se envían más mensajes escritos que llamadas— y para conectarse a internet y a redes sociales como Instagram, Facebook, Snapchat, Twitter y demás. El móvil facilita multitud de tareas, sí. Muchos destacan que les hace más productivos y más felices, pero en menos de 10 años ha pasado a ser una extensión de nuestro cuerpo y de nuestra identidad y está modificando ambas cosas.

¿Adicción? Pues sí, adicción. Ante tal panorama, parece una lucha contra titanes plantearse limitar las horas con el móvil o cómo evitar la adicción. Sin embargo, todo depende de lo que uno haga en el mundo digital. El sentido común dice que se hace un mal uso del móvil cuando causa problemas a la persona, perjudica su relación de pareja o familiar, su sueño, su trabajo o los buenos resultados académicos. Lo importante es ser conscientes de cuándo se da ese daño. Entre padres e hijos hay que hacerse a la idea de que negociar va a ser constante: cuando ya se había pactado el uso de Instagram, por ejemplo —qué horas, qué es admisible compartir...—, resulta que se ponen de moda Periscope y sus vídeos. Toda esa negociación ya no sirve.

Deporte y hábitos saludables frente al uso excesivo del móvil

Ansiosos y saturados

Claro que tres de cada cuatro jóvenes de 18 a 24 años lo primero que hacen al despertar es consultar el móvil. Los anglosajones hablan, como fuente de ansiedad, del FOMO —fear of missing out—, el miedo a perderse algo si no se mira el móvil. Actualmente ya se describen otros síntomas, como el miedo a olvidar el móvil —nomofobia— o la ansiedad que genera el triángulo batería, cobertura y saldo. Ya es equiparable a enfermedades mentales graves que nos estresan y generan ansiedad. La mejor receta contra esto podría ser: “Haga amigos, practique deporte, cultive alguna afición fuera de las pantallas”.

El móvil ha sustituido al alcohol como primer motivo de muerte al volante entre los jóvenes estadounidenses, y las autoridades españolas lo consideran uno de los principales motivos de distracción, que es la primera causa de accidentes.

Fases en la adquisición del juego patológico

Fases

Fases más características en la adquisición del juego patológico.

Fase “apetitiva”: una vez que se ha producido la percepción del estímulo adictivo —máquina, bingo…— se trata de ir elaborando la situación propicia —dinero, momento, pretexto, mentira...— para jugar.

Fase “ejecutiva”: se refiere a la propia ejecución de la conducta abusiva: el “juego”, que desencadena la sensación placentera. Constituye el momento más claro en el que se produce el auténtico descontrol del impulso.

Fase de “saciedad”: es la fase más polimorfa, con sensaciones y emociones encontradas. Puede ir desde un sentimiento de relajación y bienestar hasta la aparición de importantes ideas de culpa y malestar, con severos autorreproches.

Fase de “abstinencia”: es lo propio de todas las adicciones cuando se interrumpe el consumo. Aparece sintomatología psíquica con ansiedad, inquietud, irritabilidad y astenia. También puede observarse la presencia de síntomas físicos tales como náuseas, micciones frecuentes, escalofríos o palpitaciones.

Fase de “adaptación”: la ejecución secuencial de todas estas fases provoca deterioro en el individuo, en sus relaciones interpersonales y en sus responsabilidades sociales. La gravedad va a depender, fundamentalmente, de la persona, los años de juego, el nivel de afección y los determinantes psicosociales.

Fase de “recuperación”: readaptarse a vivir con un “yo renovado”. “Volver” a una vida familiar, social y comunitaria para su total recuperación. Pero eso, a su vez, choca con muchos obstáculos, salvables por otro lado.

Coste personal

El “coste personal” de la ludopatía suele ser el coste más difícil de cuantificar.

  1. Coste psicológico: ruptura familiar, problemas con los amigos, pérdida de autoestima, pérdida de confianza en sí mismo y claros sentimientos de inutilidad.
  2. Según estudios realizados por especialistas, por cada jugador se calcula que hay entre 10 y 20 personas afectadas a su alrededor: familiares, amigos y compañeros de trabajo.
  3. Esposas y madres que caen en depresiones.
  4. Amigos que pueden perder cantidades considerables de dinero.
  5. Hijos que en algún caso han de ser atendidos en servicios de salud con afecciones psíquicas y físicas, derivadas de pertenecer a una familia inestable que, en ocasiones, se denomina “familia patógena”.
Coste personal de la ludopatía

1. Problemas emocionales: la persona adicta al juego comienza a sentirse mal por todo el dinero perdido. Miente a su familia para ocultar sus deudas y la magnitud de su problema y comienza a aislarse de los demás. Aparecen sentimientos de tristeza, ansiedad, depresión o irritabilidad, que le llevan a seguir jugando.

2. Problemas familiares: es posible que en los primeros momentos la familia intente ayudar a la persona con problemas de juego. No obstante, ocultar las deudas del adicto suele empeorar la situación y acaba por alejar a la familia del enfermo. Es entonces cuando aparecen las rupturas, separaciones y divorcios.

3. Problemas laborales: la situación laboral o académica de la persona adicta se ve resentida cuando sus problemas con el juego se agudizan.

4. Problemas sociales: desatiende a sus amistades y se produce una disminución de las actividades de ocio. Empiezan a perderse relaciones significativas.

5. Problemas legales y económicos: la desesperación por conseguir dinero puede hacer que los individuos con ludopatía cometan robos, estafas u otras actividades delictivas para conseguir dinero para jugar.

Reflexión sobre ayuda y ludopatía

Una reflexión por David Burgos González - Psicólogo de ABAJ

Era ayer, lunes sobre las seis y media de la tarde, cuando me disponía a salir de casa, como otros lunes y otros jueves, cuando mi hijo de tres años me dijo: “¿Dónde vas ahora, papá?”. Él sabe ya que esos días de la semana su padre acude a A.B.A.J., la asociación que en Burgos atiende a personas afectadas por la problemática del juego compulsivo o ludopatía.

A un niño de esta edad resulta un poco difícil explicarle que el “juego de mayores” a veces puede hacer daño. Que el juego de adultos es muy diferente al suyo, al que practica durante el rato de recreo con sus compañeros o con el que se divierte cuando lo hace en casa con su hermano.

Trato de hacerle entender que a muchos papás y a muchas mamás les “duele la cabeza” y que por ello hacen cosas que no desean y de las que después se arrepienten; que quieren mucho a sus pequeños, pero que no pueden estar con ellos porque unas máquinas con colores que hay en muchos bares parece que les “hablan” y les “invitan” a gastarse el dinero, que les “hipnotizan y se lo roban” y que después no pueden comprar cosas que sus hijos necesitan. También trato de decir a mi retoño que la mamá de alguno de estos niños después llora y discute con su papá, que a veces se insultan, y que su papá, aun queriendo mucho a todos ellos, vuelve otra vez a hacer lo mismo a los pocos días y que después… llora y llora, que ya no se ríe, y que sufre mucho, y que ya no es feliz y que por eso le duele tanto la cabeza.

Mi hijo vuelve de nuevo a preguntar: “¿Pero por qué hacen eso, por qué gastan el dinero de sus niños?”, “¿Por qué no se van a jugar con ellos cuando salen del colegio a los columpios?”, y que… “¿Por qué jugar es malo cuando los niños se lo pasan tan bien?”.

Trato de decirle que no pueden, aunque lo intenten muchas veces, pero que su padre, el de mi hijo, junto a otras personas dedican una parte importante de su tiempo a hacer todo lo posible por ayudar a estas personas.

Trato de inculcarle además que la dedicación a los más necesitados es fundamental, aunque la despreocupación por el sufrimiento ajeno que tienen ciertos “señores que trabajan de políticos” en este país muchas veces resulta incomprensible. También trato de “sugerir” a mi hijo que no sé qué opinarían al respecto alguno de ellos si uno de sus vástagos fuera atendido en las urgencias de un hospital a causa de no poder soportar ya el dolor de perder y perder cada día a causa del “juego”, y también, por qué no, de perder considerables cantidades de dinero, aunque no sea esto lo más importante.

A continuación, sin que mi hijo llegue a entender, creo que nada o muy poco de lo que su padre trata de decirle, vuelve a preguntar: “¿Pero por qué están malitos los señores?”. Y cuando adivina que su padre está resuelto a abrir la puerta para marchar, pregunta de nuevo: “Pero papá, ¿vas a volver pronto, verdad?”. Con las lágrimas a punto de aflorar por mis ojos le contesto con un beso en afirmativo.

La causa por la que esta asociación, A.B.A.J., trabaja desde hace ya varios años requiere del esfuerzo de muchos, también del de su padre, y este no le va a fallar. Un abrazo a todo este grupo de personas y una invitación a todas quienes pudieran necesitar de nosotros: nuestra puerta siempre estará abierta.

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INFORMACIÓN

¿Qué es la ludopatía?

Es un trastorno en el que la persona se ve obligada, por una urgencia psicológicamente incontrolable, a jugar de forma persistente y progresiva, afectando a su vida personal, familiar y laboral —aun siendo consciente de las consecuencias.

Reconocida oficialmente como trastorno de salud mental por la Sociedad Americana de Psicología (APA) desde 1980, la evidencia indica que el ludópata tiende a arriesgar en cualquier juego disponible: tragaperras, bingo, apuestas deportivas u online.

No es un jugador de algo concreto: es un jugador, sin más.

1980

Reconocida como trastorno por la APA (DSM-III).

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De experiencia acompañando familias en Burgos.

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Atención confidencial y gratuita.

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